Si comparamos a un humano con casi cualquier animal salvaje salimos perdiendo en una gran cantidad de aspectos: no somos rápidos, no somos fuertes, no tenemos garras para cazar, nuestros dientes se caen si mordemos un bolillo, no tenemos capacidad de camuflaje, para oler algo tenemos que acercarnos y si comemos mucha azúcar nos convertimos en implacables máquinas de orina. En contraparte, somos la especie que ha logrado dominar y acoplarse a prácticamente todos los ecosistemas del planeta y eso nos hace sentir muy bien con nosotros mismos y creemos que es por un simple rasgo que nos distingue: la inteligencia.
¿Pero qué es exactamente la inteligencia?
Según Wikipedia (te amo, Wikipedia): inteligencia es la capacidad mental general para razonar, planificar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas y aprender de la experiencia.
Estoy seguro que al leer esta definición usted ya está pensando en alguien de su misma especie que no cumple con el total de ello, eso es normal, pero el verdadero problema con esta definición es que hace que ese concepto que tenemos de “especiales entre las especies” se tambalee, porque entre más vamos investigando y comprendiendo al mundo animal, más y más vamos descubriendo que no somos realmente tan diferentes y/o extraordinarios.
El budismo ya lo tenía claro con su rueda de la vida (Saṃsāra) en donde ponía a humanos y animales al mismo nivel, por supuesto el vínculo entre todos ahí es la reencarnación, cosa que no ocurrió con el cristianismo donde “la gran cadena de los seres” pone a los humanos como los más cercanos a Dios antecedidos sólo por los ángeles y por encima de todo lo demás en este mundo.


No digo que la cristiandad tenga la culpa de que nos sintamos superiores, pero sí refleja una cosmovisión bastante occidental, sin embargo había un señor occidental que fue (y sigue siendo), ¿cómo decirlo? Un dolor de huevos para toda esta forma de ver mundo y al parecer lo tenía claro también: Darwin. Él decía que la diferencia entre la inteligencia humana y animal es de grado y no de clase.
Muchos experimento le dan la razón. Por ejemplo, está esa famosa prueba donde le ponen una marca roja en la frente a un individuo y pasan la prueba si mirándose en un espejo se percatan de que son ellos mismos los que tienen la mancha. Delfines, elefantes y chimpancés pasan el test, incluso parece ser que un pez lo hizo, pero no hay un consenso positivo y unánime sobre el resultado de éste último. Hay algunas especies de primates que no pasan y también hay humanos muy pequeños que no lo hacen. Los perros definitivamente no aprueban, sin embargo estamos evaluando su capacidad en base al sentido de la vista, cosa que ellos no dominan, pero cuando en vez de un espejo el test se trata de oler orina, ahí nos damos cuenta de que probablemente los perros también tienen conciencia de sí mismos, pero en función de su propia forma de explorar el mundo (imagino las horas de diversión en un experimento donde a un humano se le mida la capacidad de auto-conciencia oliendo su orina, sería un gran reality).
El uso de herramientas es algo que también nos ha hecho creer que somos especiales, pero hay primates que las utilizan, los pulpos las usan, incluso hay aves que también lo hacen y chequen esto: si a un elefante le das un palo para alcanzar comida en las ramas más altas, no lo utiliza, pero si le pones una llanta o una caja, se sube en ella para alcanzar el objetivo (la llanta acostada, por supuesto). La razón por la que el elefante no usa el palo es porque necesita agarrarlo con la trompa y de esta forma bloquea su órgano olfativo, así que una prueba más de que las diferencias son de grado y no de clase.
«Nevertheless the difference in mind between man and the higher animals, great as it is, certainly is one of degree and not of kind.»
-Charles Darwin, The Descent of Man, and Selection in Relation to Sex (1871; 2.ª edición 1874)
La cultura es otra cosa que hemos creído como un rasgo único, pero también hay especies de ballenas que han logrado desarrollarla: cantos que solamente entona cierta comunidad, pero que al juntarse con otra por un periodo de tiempo se contagia y lo siguen entonando aunque cada grupo se vaya por su lado… Un gran ejemplo de K-Pop versión ballena.
La habilidad de planear hacia el futuro es algo que también nos ha hecho creer que somos especiales, pero existen una gran cantidad de animales que guardan comida para una estación futura o que esconden cosas para ir a buscarlas después, así que ahí también es un tremendo tache para el ego humano.
La relación cuerpo-cerebro es algo que nos han dicho que podría ser la razón por la que nuestra inteligencia parece superar a la animal, el problema es que esa relación es cierta para nosotros sólo entre los mamíferos. La hurraca tiene una relación cuerpo-cerebro mayor que nosotros y la más grande de este tipo en el reino animal la tienen algunas especies de hormigas. Tiene sentido: las hormigas siempre están haciendo cosas que no alcanzamos a entender, pero además viven en sociedad, tienen infraestructura y les encanta la guerra, por si fuera poco salen y entran del hormiguero a un ritmo envidiable sin que nunca el tráfico se detenga, en ese sentido han de pensar que los idiotas somos nosotros con todo y nuestros autos.
Hay quien dice que la cantidad de neuronas podría ser la diferencia, ciertamente tenemos más del triple que los chimpancés y muchísimas más que los ratones, pero casi una tercera parte de las que tiene un elefante, además de que, hasta el momento, no se ha encontrado ninguna diferencia sustancial entre la estructura de unas y otras, así que nada especial ahí tampoco.
La cosa es, mis estimados tres o cuatro lectores, que entre más entendemos al mundo animal, menos especiales resultamos ser. Por supuesto que debe de haber algo distinto en nosotros que aún no hemos logrado ver y eso no habla muy bien de nuestro intelecto si me permiten la anotación.
En el código genético tenemos una separación de 2% con los chimpancés y ese pequeño porcentaje es la diferencia entre comer hormigas con un palo (punto menos para las hormigas) y poner en órbita al telescopio espacial Hubble, cosa que también encuentro relativa porque si mañana cayera el meteorito y yo tuviera la misión de reconstruir la civilización, lo único que podría hacer es contar historias sobre una caja donde metías las cosas y se enfriaban solas o que presionando un botón se prendía la luz, pero ¿replicarlo? Que me ayude un delfín o algo.
Por mientras una cosa muy inteligente para hacer sería suscribirse a esta publicación si es que les gustó, me ayudaría bastante a continuar con este trabajo, recuerde que yo vivo de esto (cosa no muy inteligente hasta el momento) y uno de pronto se acostumbra a comer tres veces al día.
Otra cosa muy inteligente es dar gracias de que los pulpos sólo viven dos años y se odian entre sí, porque con ocho brazos, la longevidad humana y si además cooperaran entre ellos, no tengo duda de que en este planeta serían los reyes del mambo.









