Usted y yo estamos aquí sentados porque en algún momento en la historia de nuestro árbol genealógico algún antepasado tuvo la corazonada de irse por una vereda en vez de otra y eso permitió que no fuese devorado por un león. Este tipo de corazonadas no son un don especial, el cerebro está hecho para ver intenciones, conexiones y patrones, hay que entender que nuestro desarrollo evolutivo no surgió para estar sentados mirando un teléfono muy a gusto con una coquita a un lado y que el mayor peligro que enfrentemos sea que la batería explote y nos vuele un dedo (la posibilidad es baja, pero nunca cero).
La naturaleza es salvaje, de eso no debería caberle duda a nadie, nosotros formamos parte de ella y aunque a las personas no nos guste considerarnos como tal (aunque hay varias que les queda muy bien lo de salvaje), es por ello que estamos permanentemente en un estado de alerta o al menos la mayor parte del tiempo. El cerebro no sólo une puntos, también busca la supervivencia y otra cosa muy importante: odia la incertidumbre.
Todo esto es un proceso inconsciente que deriva en varias actitudes que pudieran considerarse dentro del común denominador de la humanidad. También hay que decirlo: el hecho de que la intuición que salvó a nuestros ancestros de ser devorados por un cocodrilo si cruzaban por el lago en vez de la colina, no siempre es acertada…
No por ser natural significa que sea bueno, cierto, o real.
Ahora, si tomamos esta parte que es intrínseca de nuestra especie y la mezclamos con algunos ciertos componentes sociales y psicológicos es muy probable que lleguemos a la conclusión de que una élite mundial se reúne en secreto en algún cuarto oscuro de un país lejano con máscaras de antílope y planean el destino del mundo a su conveniencia mientras comen niños con sal… Cualquiera que haya vivido en condominio alguna vez y haya asistido a una junta vecinal sabe que esa teoría es irrisoriamente inverosímil, sin embargo hay gente que lo cree posible y no sólo eso, lo cree posible desde el fondo de su corazón.
Hay muchas razones por las que “la banda” cree en teorías de la conspiración, desde querer entender al mundo, pasando por tener una sensación de seguridad, hasta defender una identidad de grupo y encima de todo existen ciertos sesgos cognitivos que alimentan las historias, como el sesgo de confirmación que hace que se busquen datos que encajen con la sospecha previa y estaría muy bien y sería digno de un gran detective de no ser por que regularmente, producto de la misma inclinación mental, se descartan los datos que contradicen la suposición inicial, ya saben: a uno le gusta tener la razón por las buenas o por las malas.
Otra cosa que alimenta este tipo de teorías es el hecho de que hay algunas que han resultado ser ciertas, en mi humilde opinión, son la excepción que confirma la regla. El problema no es creer en estos relatos para explicar un fenómeno, todos tenemos derecho a sacar conjeturas, unir puntos, tratar de resolver un misterio y ser idiotas, el problema real es cuando la creencia se hace inmune a la evidencia, ahí es donde todo se tuerce. He llegado a escuchar a gente que defiende su versión de la historia desde la superioridad moral de creer que son parte del selecto grupo que sabe lo que otros ignoran y que ven lo que los demás no pueden y no se detienen un momento a pensar que cientos de miles de personas han sido encerradas en un manicomio por atreverse a hacer esas mismas declaraciones en público.
Una cosa que me molesta muchísimo es cuando la evidencia tumba a la conspiración y los devotos de ésta utilizan esa misma evidencia como evidencia de encubrimiento… Ahí ya pierdo la fe en todo y empiezo a desear que al antepasado del defensor se lo hubiese comido el león del principio y recuerdo aquellas sabias palabras de la liebre en Alicia en el país de las Maravillas:
“El reloj se ha vuelto loco… A los locos hay que tratarlos con cariño” (acto seguido saca un mazo y lo golpea)
Por todo lo mencionado anteriormente, el que aquí suscribe es allegado al principio de la navaja de Okham, que establece que, ante un problema con varias explicaciones posibles, la más sencilla suele ser la correcta. También sé que esto no garantiza la certeza de una verdad absoluta, pero es una filosofía simple y útil para empezar a investigar y evitar suposiciones exageradas y unos cuantos ridículos en redes y cenas familiares y siendo yo el mejor detective del mundo, deberían seguir mi ejemplo.






