Fui a mi primera clase de pilates en 6 años y casi lloro del dolor cuando me estiré el fin de semana. Mientras me retorcía cual molusco con limón y le gritaba al padre por qué me había abandonado, fue inevitable pensar en qué momento pasé de ser un atleta de alto rendimiento a un viejo sin condición física alguna orillado a regresar al deporte por motivos de salud.
La reflexión la hice un poco más profunda cuando empecé a hacer sumas y los números delatan una realidad difícil de asimilar, al menos para mí. Fui seleccionado nacional del 2002 al 2012, o sea, 10 años compitiendo al más alto nivel de mi disciplina, lo que representa el 38% de mi vida hasta ese momento, después vino el retiro. De 2012 a la fecha han pasado ya 14 años, es decir, llevo ya más tiempo en retiro que lo que estuve compitiendo, uno tiende a no darse cuenta hasta que hace la matemática.
Hoy, con 40 años de edad, el tiempo que estuve en selección nacional cuenta por sólo el 25% de mi vida y mi tiempo en retiro el 35%, es decir, he estado 10 puntos porcentuales más en retiro que compitiendo. El tiempo anterior a 2002 no lo cuento porque lo considero de preparación, o sea, el 40% de mi estancia sobre este mundo. Así que estoy próximo a igualar mi tiempo en retiro que el tiempo previo al deporte formal y cuando eso suceda, el tiempo que fui atleta de alto rendimiento quedará en medio con un porcentaje mínimo como un sandwich escaso de esos que venden en cualquier central camionera a sobre precio.
Lejos quedaron aquellos días deportivos y se alejarán cada día más.
Todo esto podría sonar como un lamento nostálgico, quizá lo sea, sin embargo hay un factor que le da otro giro a estos números y a mi condición actual: el sedentarismo. Los 14 años que llevo en retiro no han sido todos de reventón, hubo un tiempo que recorría 300 km. a la semana en bicicleta y hacía dieta como un campeón, nada comparado a la selección nacional, pero sí muy por encima de la media del mexicano promedio.
¿En qué momento se torció todo? La pandemia. En 2021 viví un episodio que me cambió la vida, para mal. Una serie de eventos desafortunados que me obligaron a emigrar y a buscar como sacar agua de las piedras, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. La cosa es que en ese momento abandoné toda actividad física de manera rotunda y como si fuera inmortal… Y de ahí para acá.
Uno se queda atorado en sus días de gloria creyendo que puede regresar del retiro en cualquier momento como Rocky o que si lo ataca un oso en el bosque le puede dar pelea, después haces una hora de pilates y te das cuenta de lo estúpido que fuiste y de que no le ganarías un round ni a Winnie Pooh.
Fue durante mis primeros entrenamientos con la selección estatal de Querétaro, en el Precámbrico, que nos pusieron a correr al rededor del lago del parque 2000 una distancia que yo jamás había recorrido a pie, llegué a mi casa lamentándome y mi papá me ubicó con una frase simple, pero demoledora: “si quieres lograr lo que quieres lograr, tienes que ser un atleta”. Por supuesto en ese momento tienes la esperanza de todo adolescente de salir al extranjero con tu bandera y escuchar el himno nacional en algún lado, es una aspiración bonita, pero a la larga falaz, sin embargo es una buena motivación.
¿Cómo se motiva a alguien que ha pasado por ahí y no tiene ya grandes aspiraciones? El no morir pronto podría ser una opción, pero seamos sinceros, la idea de la muerte sólo motiva a quienes la han visto a los ojos y no es mi caso (todavía).
Por lo mientras me estoy conformando con sentirme cada día mejor y con menos dolor, es una absoluta ganancia por el momento. No puedo darme el lujo del sedentarismo en esta etapa, o sea, puedo, pero, como decía mi abuelo: “es jugarle al vergas”.
De los cinco años sin hacer nada, llevaba cuatro sin poder dormir de corrido, tan sólo eso compensa la sensación de acuchillarme las piernas en los pilates. No sé si vaya resultar una motivación suficientemente fuerte para mantener este ritmo en el tiempo, pero en el corto, quizá mediano plazo, creo que puede funcionar.
Ya iré platicando cómo me siento en los siguientes meses, espero mejorar y entonces sí… Échenme a dos osos. 🐻🐻❄️
Conspiración
Usted y yo estamos aquí sentados porque en algún momento en la historia de nuestro árbol genealógico algún antepasado tuvo la corazonada de irse por una vereda en vez de otra y eso permitió que no fuese devorado por un león. Este tipo de corazonadas no son un don especial, el cerebro está hecho para ver intenciones, conexiones y patrones, hay que entend…








